¿Te quejas de los congestionamientos de tránsito? Conoce un país fértil para que el peje se incruste ahí.
Pues si vivieras en Xiamen, en el sur de china, vivirías lo que son auténticos embotellamientos, pasarías horas inmovilizado en alguna calle. Uno de los resultados de la nueva riqueza de los chinos es que ahora compran muchos carros pero las calles siguen siendo más o menos las mismas.
Xiamen
Lo más desagradable de los chinos es que piensan que tocando el claxon van a lograr algo, como resultado, sólo fabrican su propio infierno.
Pero también hay otro lugar mucho peor que la Ciudad de México, aparte de Los Ángeles y es Lagos, Nigeria. Llegar a Lagos es lo más parecido a una pesadilla, el primer impacto es el olor a negro, que es como un almizcle apestoso que ha impregnado todo y te acompaña las 24 horas. Lo segundo es llegar del aeropuerto a la ciudad. Parece que todos los desechos de los autos europeos están ahí. Por supuesto que ahí no hay verificación vehicular, es tanta la contaminación que te arden los ojos todo el tiempo, por si fuera poco, todavía se ponen a quemar leña para hacer carbón. Cuando llegas desde París, aterrizas como a las 5 de la mañana y te sorprende ver que ya todo mundo está levantado y trabajando.
En el camino a la ciudad tienes que cruzar tres puentes larguísimos, todos hasta la fregada de carros, avanzas un metro y te paras, avanzas 5 metros y te paras. Horrible, desde entonces ya no maldigo los congestionamientos de México (que perfectamente se podrían evitar o disminuir). Más adelante, al casi llegar al centro te ataca una turba furiosa de negros salvajes zarandeando el taxi y gritándote en ukbu, el segundo idioma de ahí. A consejo del taxista (que ya te chingó con 100 dólares de tarifa cuando debía haber cobrado 40) bajas unos milímetros la ventanilla y deslizas a la turba un billete de unos 5 dólares, o uno de 50 o 100 nairas, la moneda local. Instantáneamente la turba se transforma en muchachos sonrientes que te desean buen viaje en inglés. Se llaman vegas y que bueno que todavía no llegan aquí. Mientras, avanzas a la pavorosa velocidad de unos metros cada que se puede. Más adelante pasas por una zona de pordioseros, que si ven que eres blanco, te persiguen por cuadras pidiéndote dinero, lo peor que puedes hacer es darle algo porque se te dejan venir todos para que les des. Entre los pordioseros andan personas quemadas, con la carne viva al aire, llena de moscas, leprosos, amputados; es una experiencia verdaderamente horrible y traumática. Lo peor es no poder hacer nada por ellos.
En otra zona, te asaltan los vendedores ambulantes, ofreciéndote exactamente la misma basura china que te venden en Corregidora, también te siguen varias cuadras si ves que eres blanco, piensan que tienes mucho dinero. Hasta dan ganas de maquillarse y ponerse un kaftán y un atlasikat (gorro musulmán) para pasar desapercibido.
Horas y horas
La comida te sabe a axila de negro, para no mencionar otra parte. Lo único bueno, es la música, poderosa y maravillosa, se oye ahí un reggae nigeriano muy interesante. Lo otro bueno y consuelo de tontos es saber que existen otros lugares donde las autoridades son más ladrones y desorganizados que el gobierno perredista de esta ciudad. Ahí no puedes caminar en la calle porque te empieza a seguir un número creciente de negros para robarte, acabas corriendo para salvarte echándote un clavado en tu taxi.
Hay que mandarles al peje para que les predique su evangelio macuspano, ahí sí hay una sociedad dividida y pobre. Son 100 millones de negros en 1 millón de km2.
Muchos ambulantes para que le peje les cobre cuota.
Paraíso para el peje
También hay sindicatos que se manifiestan. Terreno fértil para el peje.
También tienen algo como neza, donde pueden exportar sus comités distritales. Como los peseros son amarillos, con que les pongan una foto del peje y un letrero en ukbu que diga honestidad valiente ya la hicieron.
Tienen mezquitas, donde puede mandar a noroña a escandalizar haciéndose la víctima.
Mainland bridge, el más largo de África
Si no hacen lo que el peje quiere, puede ponerse en plantón en uno de los puentes, cerrando la circulación. Los que quieran pasar tendrán que hacerlo nadando.
